Curiosidad e innovación, dos víctimas del modelo de enseñanza occidental

La normalización de las mentes

Una característica del ser humano es su curiosidad. Desde pequeños los niños sienten curiosidad por todo lo nuevo, empiezan a percibir y aprender a través de su interrelación con el entorno.

Al principio todo es aprendizaje, caminar supone un conjunto de pruebas-error de todos los músculos que participan en el proceso, poco a poco se adquiere la habilidad necesaria para controlar el cuerpo y nuestro cerebro nos ayuda a liberar memoria a base de transmitir a nuestro subconsciente la información necesaria para mantener el equilibrio. De mayores cuando caminamos no utilizamos nuestra mente consciente, hemos interiorizado lo aprendido. Un ejemplo parecido es cuando aprendemos a conducir, nuestro cerebro consciente tiene que estar atento a los tres pedales, al freno de mano, al cambio de marcha, al retrovisor, al volante y a lo que hay enfrente aprendiendo a sincronizar un conjunto de movimientos y acciones con gran esfuerzo de atención. Con el tiempo nuestro cerebro va liberando del espacio consciente, este cúmulo de información mecánica e innecesaria y llegamos a conducir sin pensar en que lo hacemos. ¿A nadie le ha pasado distraerse hablando con el acompañante y al final del recorrido no acordarnos ni por dónde hemos pasado?

Luego el proceso de aprender es: curiosidad o interés, comprender, memorizar e interiorizar, pasar al subconsciente aquella parte de lo aprendido que requiere un exceso de memoria, mejorando la eficacia de las cosas aprendidas y del propio proceso de aprender. La interiorización del conocimiento forma parte esencial del propio conocimiento. Lo que se interioriza afecta nuestros comportamientos futuros.

Por otra parte, lo anterior muestra que el conocimiento no se adquiere, se construye por nosotros mismos, como ya planteó Jean Piaget[1], en lo que se conoce como “mapas mentales” (ver “Teoría del Conocimiento: mapas mentales y realidad” en http://wp.me/p16VSv-7M). De poco sirven pues lecciones obligatorias y normalizadas, todos somos diferentes y construimos de forma diferente.

La teoría de W. Edwards Deming de cómo se genera el conocimiento a través de la constante puesta a prueba de la teoría o nuevas ideas, se ve gráficamente con el ciclo que Deming atribuyó a Shewhart, pero que él complementó.

Jugar es para los niños una forma de aprender, de relacionarse con los demás, de conocer su entorno, su yo y sus habilidades.

El primer problema surge en la escuela, cuando el “aprendizaje” deja de ser la consecuencia de la propia curiosidad y del desarrollo de las propias habilidades para convertirse en obligación, en materia sujeta a una norma, en información “correcta” y oficialmente aceptada. También la exclusión de materias no homologadas o que contravienen la ortodoxia oficial del momento. El niño tiene la primera oposición a su propio autodesarrollo. Se sustituye la motivación intrínseca, la curiosidad y el autodesarrollo, por la motivación extrínseca, los puntos, las notas, los premios, la aceptación o incluso los castigos que nunca pueden superar el sufrimiento por la castración mental que supone la aceptación de normas impuestas por profesionales de la educación, con sus propios mapas mentales.

Después viene la Universidad o cualquier formación profesional complementaria. Al alumno se le explica la forma en que será evaluado, los criterios y exigencias para obtener el premio final el “título”, su pasaporte al mundo profesional, el peaje para ser aceptado en la tribu de los “iguales”. La primera regla que cualquier alumno entiende es que la evaluación estará sujeta al agrado de su profesor, al grado de coincidencia entre el “resultado” evaluado y los criterios de información y conocimiento expuestos y opinados por el profesor. La eliminación del motor curiosidad se hace completa, la búsqueda de la verdad es innecesaria cuando no peligrosa para la supervivencia tribal.

El verdadero aprendizaje se produce cuando, motivada por la curiosidad, la persona construye conocimiento buscando aquellas materias, técnicas, conceptos, métodos y elementos, con los que puede producir sus propias teorías interiores que someterá a las pruebas de su experiencia y posterior interiorización. La búsqueda permanente del conocimiento motivada por la curiosidad innata del ser humano.

Las universidades no están preparadas para ello, sus capacidades de actualización están condicionadas tanto por su propia normalización y sus reglas, bajo la justificación del rigor académico y sus normas de homologación, como por su capacidad de exclusión de conocimientos que no controla o que no están “todavía”, homologados por ellas mismas. La Universidad dejó de ser universal a pesar del mundo global en que vivimos. Se adquieren conceptos, pero difícilmente se “interioriza” conocimiento.

Existe un sistema de dominación, a través de quienes tienen el poder acreditado por el sistema de otorgar títulos, que obstaculiza el verdadero conocimiento. Poder en el que todos somos cómplices ingenuos cuando exhibimos nuestros flamantes títulos universitarios para ser aceptados. Es, como diría Michel Foucault, el ejercicio del poder socializado por exclusión del que es diferente, del que no entra dentro de la norma. Del poder repartido en el que participamos todos. Una modalidad social del darwinismo que en lugar de basarse en la selección utiliza su opuesto, la exclusión.

Así hoy muchas escuelas de negocio siguen durante décadas enseñando los mismos modelos que han generado la crisis en que vivimos. Apoyadas, muchas de ellas, por los beneficiarios de la misma, por aquellos que como dice Michel Henric-Coll en su artículo “La gran estafa“, ” …o se han equivocado estrepitosamente, o nos han engañado descaradamente”. Algunos de sus alumnos se escandalizan al escuchar opiniones adversas, están adoctrinados, ni tan solo muestran curiosidad. Lo ajeno a lo normalizado es herejía.

Curiosidad e innovación, dos víctimas del modelo de enseñanza occidental.

Sabemos que de no adquirir nuevos conocimientos, una catástrofe económica de magnitudes inimaginables ocurrirá en el plazo de muy pocos años. Las enseñanzas actuales en Management han demostrado su nula validez.

El filósofo francés Michel Foucault[2] en su obra “Vigilar y castigar” – 1975, decía “la sociedad moderna ejercita sus sistemas de control de poder y conocimiento…en busca de una ‘normalización’ generalizada.”

Lo que necesita la sociedad de hoy no es normalización, es recuperar la curiosidad, la capacidad creativa, de innovación y de permanente de mejora. La duda.


[1] Jean Piaget: filósofo y psicólogo suizo, nacido en 1896 y pionero de la “teoría constructivista del conocimiento”.

[2] Michel Foucault: historiador y filósofo francés (1926-1984)

2 respuestas a Curiosidad e innovación, dos víctimas del modelo de enseñanza occidental

  1. Lilo dijo:

    es contundente y desafiante a la vez, es bueno que los docentes replanteen sus mecanismos de enseñanza y que evalúen la calidad de enseñanza de hoy en día.

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