Entrevista a JL Rodríguez Zapatero

“Convocaré a las 25 grandes empresas del país para acelerar la recuperación”   ZP, El País 21 noviembre 

Carta a un Presidente

Señor Presidente:

 Si 3.350.972 PYMES representan el 99,88 % del empleo (datos 2009 del Ministerio de Industria), 25 grandes empresas no pueden representar directamente más del 0,12 % restante. Muy poco representativo.

 Si no les convoca por su impacto, los convoca para obtener su consejo o una foto. La segunda opción es más aconsejable que la primera.

 La idea de crear la “Comisión Nacional de Competitividad” señala su preocupación por la misma y ello es muy positivo. La efectividad de este organismo podría ser positiva si piensa en un ente de acción y más que dudosa si es un nuevo instrumento de medición. Al igual que medir los accidentes no los reduce, las mil formas discutibles de medir la competitividad no la va a mejorar.

 Para mejorar la competitividad no se deje aconsejar por quienes, con notables excepciones, propiciaron con su negligencia las condiciones que han desembocado en la crisis actual y nuestra pésima posición competitiva. Tampoco por las grandes consultoras que aconsejaron a estas empresas. Para solucionar un problema creado con una mentalidad deben utilizarse nuevas formas de pensar.

La incapacidad de una parte significativa de nuestra alta dirección empresarial, presidentes corporativos y banqueros para gestionar las empresas, para preveer y planificar el futuro nos ha llevado a una crisis de consecuencias incalculables, inmerso en una crisis sistémica de ámbito mundial, por gestores que tampoco están exentos de responsabilidad.

Durante los últimos años ha primado la cultura del beneficio rápido, de la reducción de cualquier “coste”, del enriquecimiento personal, de escalar a cualquier precio altas posiciones corporativas, no exentas por otra parte de nominaciones a dedo. La cultura del pelotazo, del amiguismo y de la adscripción por encima de la eficacia.

Nuevos estímulos y subvenciones para grandes empresas no generarán competitividad y su propuesta de reducción de beneficios no les preocupa a sus gestores. En las grandes empresas lo que prima es, con notables excepciones, mantenerse en el puesto y en el mejor de los casos, los resultados a corto, siempre en detrimento de la competitividad a largo plazo.

Pero las reducciones salariales harán que los mejores profesionales pongan su atención en otros países. Otra vez el corto plazo que nos beneficia contra el largo plazo, la solución coyuntural contra la estructural.

La reducción de empleos no se ha realizado siempre con criterios de competitividad, sino muchas veces de puro corto plazo, cuyas consecuencias se dejarán ver en los años que vienen. Deterioro del talento en las empresas, deterioro de las cuentas de la Seguridad Social y menos ingresos fiscales.

Nuestros profesionales ni trabajan menos, ni son menos innovadores, ni cobran mayores salarios que en otros países europeos de mayor competitividad, que sí son capaces de esquivar los vientos de la crisis.

Obtener dividendos rápidos sin mejorar las propias empresas, sin crear cultura de empresa, ha ocasionado el desperdicio del talento, de la mano de obra, de materiales y de recursos públicos y privados. En definitiva, el incremento de los costes de la ineficiencia con pérdida de nuestra competitividad.

Somos un país económicamente tocado, reflejo de nuestros dirigentes. Cuando el viento soplaba a favor, se obtuvieron buenos dividendos. Cuando el mercado está en auge cualquiera puede ser un buen directivo. Pero nuestras empresas no son competitivas, pocos se han preocupado de que lo fueran, se prefirió sacarles el jugo exprimiéndolas rápidamente. El beneficio rápido es incompatible con la consolidación de la empresa, al igual que el corto plazo es en esencia incompatible con el largo plazo.

Los responsables de esta enfermedad empresarial han sido altos directivos y también políticos que no han sabido, o no han querido, gestionar adecuadamente. La falta de visión de nuestra “alta dirección” es, pues, patente.

La clave está en la competitividad y en esto tiene razón. Para lograrla debe fijar su atención al nuevo empresariado, a la pequeña y mediana empresa facilitando su creación, eliminando barreras y no gravando con impuestos las situaciones iniciales de prospección e innovación.

El logro de la competitividad no es fácil. Quien le diga lo contrario le engaña. Requiere Conocimiento, saber interpretar las organizaciones como sistemas, saber identificar las causas de los problemas y las oportunidades de mejora, saber crear conocimiento operativo y estratégico y saber entender a las personas. La única negociación posible es aquella en la que todas las partes ganan.

La creencia de que {menores costes} = {mayores beneficios ó mayor competitividad} está muy extendida entre los directivos, pero es una falacia. Algunos costes son necesarios, otros no. La cuenta de resultados no los diferencia. Los que hay que eliminar son los costes de la no-calidad, pero esto requiere un proceso continuado de búsqueda de soluciones mejores, de mejora continuada.

La competitividad no se logra reduciendo costes. Muy al contrario. Le dejo una frase resumida de W. Edwards Deming, el hombre que logró sacar a países enteros de crisis aplicando con exquisitez un principio básico: “Si centramos los esfuerzos en reducir los costes, al final incrementan costes y perdemos mercado, con lo que perdemos competitividad. Si centramos los esfuerzos en mejorar la calidad, se reducen los costes y ganamos mercado con lo que somos más competitivos.”

La base de la competitividad está en aunar esfuerzos para establecer fórmulas de mejora continuada de la calidad. Al decir esto también quiero incidir en lo perjudicial que es utilizar “modelos” de calidad preestablecidos que poco han aportado en evitar la crisis.

Confíe en el único pensador de Management que fue capaz de anticipar la crisis actual basándose en las malas prácticas directivas y cuyos principios para la mejora continuada han dado resultados excelentes en las empresas que los han sabido utilizar: W. Edwards Deming.

Acerca de Jordi Cabré

Jordi Cabré es Ingeniero Industrial, cofundador de Deming Collaboration, consultor y profesor en Calidad, Management, Estrategia y Sistémica. Autor e Investigador sobre liderazgo, sistémica y complejidad. Ex-director de calidad de IBM, Lucal Automotive y Agbar. Libros y ebooks publicados: http://www.amazon.com/Jordi-Cabré/e/B00859CVKU http://www.sigeiconsulting.com/ http://demingcollaboration.com/
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4 respuestas a Entrevista a JL Rodríguez Zapatero

  1. Dime dónde hay que firmar.

    Podrías inclusive haber añadido que las 25 grandes empresas antepondrán siempre sus propios intereses a los de la nación.

    Michel

    • Jordi Cabré dijo:

      Totalmente de acuerdo. Defenderán sus intereses en exclusiva. Lo que no entiendo es porque los convoca: no son significativos (<0,12 %), han demostrado que no saben y hacerse una foto con ellos no creo que tenga excesivo valor hoy.
      Jordi

  2. juan jose dijo:

    Este tal Zapatero, ¿no es el mismo que ya se reunió una vez con un comité de sabios? ¿y con un grupo de economistas? ¿y con no sé quien más? Y la pregunta más importante: ¿qué aprendió en esas reuniones?

    Alguien debería recordarle que las reuniones NO SON UN FIN, sino un medio para alcanzar un fin. Este tipo pasa la vida reuniéndose, pero para lo que valen sus reuniones no sé si no sería mejor que se quedara en su despacho jugando a la granja de Facebook.

    Muy buen artículo, Jordi.

    Un abrazo

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